Lorca & Flamenco
Selected poems from the performance along with english translations
The Legend of Time
La leyenda del tiempo
The dream passes through time
Floating like a sailboat
No one can open the seeds
In the heart of the dream.
Oh how the dawn sings and sings!
How blue fingers of ice rise!
Time passes through the dream
Sunk up to its neck
Yesterday and tomorrow eat
Dark flowers of mourning.
Oh how the night sings and sings!
What a thicket of anemones rises!
Upon the same pillar
Dream and time embrace
The child’s cry crosses
The broken tongue of age.
Oh how the dawn sings and sings!
What a thicket of anemones rises!
And if the dream feigns a wall
Over the plains of time
Then time makes it believe
That at that moment it is born.
Oh how the night sings and sings!
How blue fingers of ice rise!
(excerpt from the play And So Five Years Pass, Federico Garica Lorca 1931)
El sueño va sobre el tiempo
flotando como un velero.
Nadie puede abrir semillas
en el corazón del sueño.
¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!
El tiempo va sobre el sueño
hundido hasta los cabellos.
Ayer y mañana comen
oscuras flores de duelo.
¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!
Sobre la misma columna,
abrazados sueño y tiempo,
cruza el gemido del niño,
la lengua rota del viejo.
¡Ay, cómo canta el alba, cómo canta!
¡Qué espesura de anémonas levanta!
Y si el sueño finge muros
en la llanura del tiempo,
el tiempo le hace creer
que nace en aquel momento.
¡Ay, cómo canta la noche, cómo canta!
¡Qué témpanos de hielo azul levanta!
(Fragemento de la obra Así que pasen cinco años, Federico Garcia Lorca, 1931)
Ballad of the Sleepwalker
Green, how I want you green.
Green wind. Green branches.
The ship out on the sea
and the horse on the mountain.
With the shade around her waist
she dreams on her balcony,
green flesh, her hair green,
with eyes of cold silver.
Green, how I want you green.
Under the gypsy moon,
all things are watching her
and she cannot see them.
Green, how I want you green.
Great stars of frost
appear with the fish of shadow
that opens the road of dawn.
The fig tree rubs its wind
with the sandpaper of its branches,
and the forest, cunning cat,
bristles its brittle fibers.
But who will come? And from where?
She is still on her balcony
green flesh, her hair green,
dreaming in the bitter sea.
–My friend, I want to trade
my horse for her house,
my saddle for her mirror,
my knife for her blanket.
My friend, I come bleeding
from the gates of Cabra.
–If it were possible, my boy,
I’d help you fix that trade.
But now I am not I,
nor is my house now my house.
–My friend, I want to die
decently in my bed.
Of iron, if that’s possible,
with blankets of fine chambray.
Don’t you see the wound I have
from my chest up to my throat?
–Your white shirt has grown
thirsty dark brown roses.
Your blood oozes and flees a
round the corners of your sash.
But now I am not I,
nor is my house now my house.
–Let me climb up, at least,
up to the high balconies;
Let me climb up! Let me,
up to the green balconies.
Railings of the moon
through which the water rumbles.
Now the two friends climb up,
up to the high balconies.
Leaving a trail of blood.
Leaving a trail of teardrops.
Tin bell vines
were trembling on the roofs.
A thousand crystal tambourines
struck at the dawn light.
Green, how I want you green,
green wind, green branches.
The two friends climbed up.
The stiff wind left
in their mouths, a strange taste
of bile, of mint, and of basil
My friend, where is she–tell me–
where is your bitter girl?
How many times she waited for you!
How many times would she wait for you,
cool face, black hair,
on this green balcony!
Over the mouth of the cistern
the gypsy girl was swinging,
green flesh, her hair green,
with eyes of cold silver.
An icicle of moon
holds her up above the water.
The night became intimate
like a little plaza.
Drunken “Guardias Civiles”
were pounding on the door.
Green, how I want you green.
Green wind. Green branches.
The ship out on the sea.
And the horse on the mountain.
Romance sonámbulo
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.
Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendra? ¿Y por dónde…?
Ella sigue en su baranda,
Verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.
–Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo per su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
–Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
–Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
–Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
–Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas;
¡dejadme subir!, dejadme,
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.
Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.
Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Donde está, díme?
¿Donde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!
Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.